El reconocimiento de un “un gravísimo error"

"El secuestro es el asesinato de la identidad porque la persona muere lentamente y si tiene la suerte de ser liberada, cuando sale vivo de ese calvario, se da cuenta que es otra persona” Ingrid Betancourt

El secuestro en Colombia, delito que durante muchos años causó temor y angustia a centeneras de personas. Imágenes de secuestrados con cadenas al cuello o en pequeños cercos de malla metálica, ojos tapados, alejados a la fuerza de sus familias, de su trabajo, de su vida. Tener un poco de dinero se había convertido en un delito y ni qué decir de ser político y hacer declaraciones que fueran en contra de los intereses de la guerrilla. Según una entrevista otorgada por el general Murillo a CNN en el año 2000 se llegó a un total de 3.572 secuestros en un solo año.

Fuente: eltiempo.com

Acorde a cifras del Centro de Memoria Histórica se registraron 39.000 víctimas de secuestro, de las cuales el 37% de los casos fueron perpetrados por la guerrilla de las Farc. Guerrilla con la que en 2016 se firmó un acuerdo de paz, acuerdo discutido, votado, reformado, asesorado; acuerdo que ha causado amplias discusiones académicas y sociales y que ha dividido la opinión pública. Este proceso trajo consigo la creación de la Jurisdicción Especial para La Paz, mecanismo por el cual se pretende investigar y juzgar los delitos de Las Farc y fue precisamente este organismo quien hizo pública una carta firmada el 14 de septiembre por ocho ex-jefes guerrilleros en la cual pedían disculpas públicas a todas las víctimas de secuestro.

Una disculpa que llega tarde, pero una disculpa histórica, una disculpa que llega después de haber querido excusar el secuestro con eufemismos, una disculpa que reconoce la gravedad del error cometido y como lo expresa el comunicado “hoy día entendemos el dolor que les causamos a tantas familias, hijos, hijas, madres, padres, hermanos y amigos, que vivieron un infierno esperando tener noticias de sus seres queridos…”. Para muchas familias y para muchos liberados esto tal vez sea un paso en su proceso de sanación y perdón y la posibilidad de curar heridas que el secuestro haya dejado en sus vidas.

Para muchos podrá no significar nada, sin embargo, es de reconocerse que, en un proceso tan golpeado y tan complejo como el proceso de paz colombiano, esta disculpa ante la JEP puede ser un paso para el reconocimiento de otros crímenes como lo ocurrido el 30 de septiembre al reconocer  los asesinatos de “Hernando Pizarro León-Gómez, el 25 de febrero de 1995; José Fedor Rey (“Javier Delgado”), asesinado el 30 de junio de 2002; la muerte de Jesús Antonio Bejarano, el 15 de septiembre de 1999; el homicidio del general ( r ) Fernando Landazábal Reyes, el 12 de mayo de 1998, y la muerte del representante a la Cámara Pablo Emilio Guarín, 15 de noviembre de 1987.” El Espectador.

Aún falta mucho camino por recorrer, muchos crímenes por reconocer y un camino largo de verdad, justicia y reparación para un país que sufrió (y sigue sufriendo) una violencia cruel y sin sentido que lo ha desangrado. Seguramente falten muchas disculpas públicas. Pero, más allá de esto, lo que queremos escuchar y esperamos que pase es la promesa de la no repetición y no solo por parte de este ex-grupo guerrillero, también por parte de las disidencias que siguen delinquiendo y la guerrilla del ELN. Colombia pide paz, los colombianos queremos justicia, las victimas merecen la verdad, este país no puede seguir desangrándose y tal vez, solo tal vez, unas disculpas públicas y el reconocimiento de los errores cometidos sean un paso real para conseguirlo.

Fuente: Twitter PartidoFARC

Autora
Ana Catalina GS


 

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